Autoestima baja en profesores: cómo abordarla en terapia psicológica
Me parece muy curioso y gráfico que en este último año hayan acudido a mi consulta tres profesores distintos, con historias diferentes, pero con un malestar prácticamente idéntico.
Me llamó la atención porque no parecía algo individual, sino un patrón bastante claro.
La docencia es una profesión muy vocacional, pero también muy exigente y poco reconocida. Con el tiempo, esa mezcla va desgastando y puede hacer que aparezca una idea muy dura: “no soy suficiente” o “no estoy llegando”. Y esto no tiene tanto que ver con falta de capacidad, sino con cómo se sostiene (o no) el trabajo emocional que implica enseñar hoy en día.
Desde la terapia, este tipo de malestar se puede trabajar y en muchos casos, permite recuperar no solo el bienestar, sino también una relación más realista y amable y habitable con la profesión. Asi que si la pregunta es si se puede o no recuperar la motivación docente, mi respuesta como psicóloga es que… te lo cuento en este artículo!!
Tabla de contenidos
Por qué los profesores pueden tener baja autoestima
Lo que he visto gracias a mis pacientes docentes es que nunca es un único factor (cómo en la mayoría de las ocasiones), sino una suma de varios de ellos.
Por un lado, está la exigencia constante unida a la sensación de poco reconocimiento. Muchos profesores expresan que hacen un trabajo muy intenso, pero que no siempre se percibe su impacto, lo que puede generar la idea de que “no está sirviendo de mucho”.
También influye la frustración cuando algunos alumnos no progresan como se esperaba, algo que se traduce en dudas del tipo: “¿lo estoy haciendo bien o estoy fallando?”.
A esto se suman las críticas externas, que pueden venir de familias, alumnos o del propio sistema educativo unido a otro factor importante que es la falta de apoyo percibido dentro del centro, lo que deja al profesor con una sensación de estar sosteniendo todo solo.
Y, por último, el propio sistema educativo, con cambios constantes y nuevas normativas, genera una sensación de inestabilidad e inseguridad: “¿estoy haciéndolo bien o ya ha cambiado otra vez todo?”.
Todo esto, mantenido en el tiempo, puede ir afectando directamente a la autoestima profesional sin que la persona se dé cuenta de forma inmediata.
Síndrome de burnout en profesores
Cuando todo lo anterior se mantiene en el tiempo, es frecuente que aparezca el burnout. Uno de mis pacientes me decía: “es que llego al domingo ya agotado y solo pensar en preparar la semana me bloquea y me da mucha ansiedad”. No era que no pudiera, era que llevaba demasiado tiempo funcionando sin descanso real.
Juntos trabajamos lo importante que es aprender a detectar las señales antes de llegar al colapso: irritabilidad, cansancio constante, falta de motivación. Qué importante es parar antes de “no poder más” para prevenir que todo se desmorone.
Estrés y baja autoestima en docentes
El estrés sostenido acaba afectando directamente a cómo el profesor/a se valora a sí mismo. Una profesora me contaba: “si una clase sale mal, me voy a casa pensando que no valgo para esto”, aunque juntas viéramos que el resto del día había ido bien.
Es muy habitual que el malestar emocional distorsione la percepción del propio trabajo.
Aquí es clave algo muy concreto: aprender a no convertir resultados puntuales en identidad profesional. Una mala clase no define a un buen docente. Trabajar esto en terapia suele ser un punto de inflexión importante.
Alta implicación emocional
Muchos profesores se implican muchísimo con sus alumnos, lo cual es un gran valor… pero también puede convertirse en una fuente de desgaste (también ocurre mucho con la psicología). Recuerdo esta misma profesora que me decía que no podía dejar de pensar en un alumno con problemas familiares incluso los fines de semana, como si tuviera que sostenerlo también fuera del aula.
El problema no es la implicación, sino la falta de límites internos. En estos casos trabajamos algo muy básico pero muy difícil: aprender a “cerrar el día” mentalmente. No es dejar de importarles los alumnos, es aceptar que acompañar no es cargar con todo. Establecer pequeñas rutinas de desconexión puede cambiar mucho el nivel de agotamiento.
Cómo se trabaja la autoestima en terapia psicológica
Podríamos hacer un libro únicamente con este punto, pero dejo por aquí algunas ideas clave de lo que como psicóloga suelo trabajar con mis pacientes profesores.
En terapia, cuando un profesor llega con esta sensación de desgaste y baja autoestima, es muy importante entender cómo se ha construido esa forma de mirarse a sí mismo.
Por ejemplo, recuerdo un profesor que decía: “si un alumno se desconecta en clase, ya siento que estoy fallando yo y que la clase es sumamente aburrida”. Había ido acumulando durante años la idea de que cualquier dificultad del aula era responsabilidad directa suya.
Lo que hicimos fue identificar creencias limitantes como “no soy suficiente” o “tengo que hacerlo todo perfecto para que funcione”. Muchas veces estas ideas no se habían pensado nunca de forma consciente, simplemente se habían ido instalando.
También trabajamos la autoexigencia y el perfeccionismo. No se trata de bajar el nivel, sino de flexibilizar expectativas. Juntos vimos que era fundamental empezar a distinguir entre “clase no perfecto” y “clase mal hecha”. .
Otro punto de intervención importante es la gestión emocional en el propio entorno educativo. Aprender a detectar cuándo se está saturando, qué situaciones lo activan y cómo regularlo en el momento (parar unos minutos, respirar). En consulta vemos que pequeñas cosas como salir cinco minutos del aula o poner nombre a lo que están sintiendo ya reduce la sensación de “estar al límite”.
Aquí es fundamental también la red de apoyo: no trabajar esto en soledad. Poder compartir con otros docentes, apoyarse en el equipo del centro o incluso tener un espacio terapéutico donde poner en palabras lo que ocurre, hace que el malestar deje de vivirse como algo individual y aislado.
Y por último, la construcción de una autoestima más estable. Es decir, que no dependa de si una clase ha ido bien o mal, o de un comentario puntual de una familia. El objetivo es que el valor profesional no esté en evaluación constante.
En el fondo, el trabajo no va de cambiar al profesor, sino de ayudarle a sostener su profesión de una forma más realista, más humana y menos castigante consigo mismo.
Qué tipo de terapia puede ayudar a mejorar la autoestima a profesores
Si la pregunta es ¿qué enfoque terapéutico funciona mejor en estos casos? la respuesta es que no hay un único enfoque terapéutico que funcione mejor que otro, pero sí suele ser útil una terapia que combine comprensión psicológica del malestar con herramientas prácticas para el día a día.
En estos casos, el trabajo no se centra solo en “sentirse mejor”, sino en revisar cómo el profesor se está relacionando con la autoexigencia, el perfeccionismo y la sensación constante de estar siendo evaluado como hemos visto antes.
Además, es clave incorporar herramientas de regulación emocional, gestión del estrés y desconexión del trabajo, porque el problema no es solo cognitivo, sino también de desgaste sostenido en lo cotidiano.
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Cuándo acudir a terapia si eres profesor
A veces se normaliza tanto el cansancio que cuesta ver cuándo ya ha dejado de ser “estrés habitual” y se ha convertido en algo que está afectando de verdad.
Un primer indicador claro es cuando el trabajo empieza a impactar en tu bienestar general: llegas a casa agotado, con irritabilidad o con la sensación de que no desconectas nunca del todo.
También es importante pedir ayuda si aparece ansiedad, bloqueo o una sensación de desgaste que va en aumento. Por ejemplo, profesores que empiezan a notar que se les hace cuesta arriba ir al aula o que antes situaciones manejables ahora les sobrepasan.
Y otro signo frecuente es la inseguridad constante: dudar de forma permanente de si lo estás haciendo bien, incluso cuando objetivamente hay un buen desempeño.
En estos casos, la terapia no es el último recurso, sino un espacio para poder ordenar lo que está pasando y evitar que el malestar siga creciendo.
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Autora:
Raquel Beraiz Olarte
Psicóloga General Sanitaria: M-36309