Trauma en sanitarios: tratamiento psicológico
Trabajar en el ámbito sanitario implica sostener dolor de forma constante y sino que se lo digan a todos mis compañeros y a todos mis pacientes sanitarios. No es solo ver enfermedad, dolor o muerte, es hacerlo desde la responsabilidad, la urgencia y, muchas veces, la soledad emocional.
Muchos sanitarios llegan a terapia diciendo cosas como: «Sé que es parte de mi trabajo, pero hay cosas que no se me van de la cabeza» o «No puedo permitirme venirme abajo, pero cada vez me cuesta más ir a trabajar.»
El problema de todo esto es la exposición repetida a tanto trauma sin espacios reales para procesarlo y hoy os cuento un poco de todo lo que he aprendido sobre este tema con mis pacientes en consulta.
Tabla de contenidos
¿Qué entendemos por trauma en el ámbito sanitario?
El trauma en el ámbito sanitario no se refiere únicamente a haber vivido una situación extrema. Más bien, tiene que ver con el impacto psicológico que deja cuando nos exponemos de manera continua a tanto dolor, las guardias con alta carga emocional, las decisiones clínicas complicadas, la sensación de no llegar o no poder hacer más, y sobre todo no tener un espacio para poder procesar todo esto emocionalmente.
Desde la psicología del trauma, hablamos de trauma cuando el sistema nervioso no tiene recursos suficientes para poder integrar lo vivido y se queda en estado de alerta o bloqueo.
Una enfermera me lo explicaba así en sesión: «No es que haya pasado algo especialmente grave ese día… es que siento que llevo meses tragando cosas y ya no me caben más.»
Síntomas frecuentes en sanitarios con trauma
A nivel emocional
Muchos sanitarios se notan más irritables, con menos paciencia, reaccionando de forma más intensa ante cosas que antes no les afectaban tanto. Otros, en cambio, sienten justo lo contrario: una especie de desconexión emocional, como si todo les diera más igual o como si estuvieran “apagados”.
La culpa aparece con mucha frecuencia: “podría haber hecho más”, “igual se me pasó algo”, “y si hubiera actuado antes…”. A esto se suma muchas veces una ansiedad anticipatoria antes de los turnos, especialmente en determinados servicios, como si el cuerpo ya supiera que va a volver a exponerse a algo que le sobrepasa.
A nivel corporal
El cuerpo suele ser el primero en avisar, aunque muchas veces no se le escuche. Aparecen dificultades para dormir, la tensión se acumula, especialmente en zonas como cuello, mandíbula o espalda. Y, sobre todo, aparece una sensación de agotamiento que no se resuelve simplemente durmiendo o librando un día.
A nivel cognitivo
En el plano mental, es habitual que las experiencias se queden “enganchadas”. Aparecen pensamientos intrusivos, imágenes que aparecen en nosotros en momentos del día a día y que resultan difíciles de apartar.
También cuesta mucho desconectar. Aunque el turno haya terminado, la mente sigue en el hospital: repasando decisiones, reconstruyendo escenas, cuestionando actuaciones.
A nivel conductual
A nivel conductual puede aparecer:
- Evitación: profesionales que se incomodan con determinados pacientes o que evitan conversaciones que les conectan con lo vivido.
- Sobre implicación: trabajar de más, asumir más responsabilidad de la que corresponde, no parar nunca, como una forma de intentar compensar o no sentir.
En algunos casos, también aparecen estrategias de regulación menos adaptativas, como el aumento del consumo de tabaco, alcohol u otras sustancias, que cumplen la función de “bajar” momentáneamente la activación, aunque a medio plazo mantengan el problema.
¿Por qué cuesta tanto pedir ayuda?
En el entorno sanitario se aprende muy pronto a funcionar desde la resistencia: seguir adelante aunque el día haya sido duro, priorizar siempre al paciente y minimizar lo propio. Mostrar emociones, parar o reconocer que algo ha impactado suele como falta de profesionalidad.
A esto se suma una idea muy arraigada: “otros están peor que yo”, que acaba funcionando como una forma de invalidar el propio malestar. Con el tiempo, esto no elimina el impacto emocional, sino que lo empuja hacia dentro, generando una desconexión progresiva de lo que se va viviendo.
Un ejemplo muy habitual es el de profesionales que, tras una guardia intensa, continúan su jornada como si nada hubiera pasado. Una paciente me decía “salí de una parada y en diez minutos estaba en la cafetería, pero por dentro no había procesado nada”.
En terapia es común que aparezca el miedo a no encajar en la imagen del profesional competente: “no quiero que piensen que no valgo para esto” o “yo soy el que aguanta, no el que necesita ayuda”.
En este punto, el trabajo terapéutico empieza por algo muy básico pero fundamental: validar. Poner sentido a lo que les pasa y entender que poder con el trabajo no es incompatible con verse afectado por él.
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Tratamiento psicológico del trauma en sanitarios
Cuando hablamos de tratamiento del trauma en sanitarios, en realidad hablamos de algo previo: saber reconocer cuándo lo que te está pasando ya no es solo cansancio o estrés laboral. Porque una de las dificultades más habituales en este colectivo es precisamente esa: normalizar el malestar hasta el punto de no verlo.
Muchos profesionales llegan a consulta tarde, no porque no lo estén pasando mal, sino porque han aprendido a sostener demasiado sin pedir ayuda. Por eso, más que hablar de técnicas, es importante empezar por algo básico: las señales de las que hemos hablado antes.
Cuándo pedir ayuda
No hace falta llegar a un punto de colapso para pedir ayuda. De hecho, en sanitarios, muchas veces cuando aparece el colapso es porque se ha tardado demasiado.
Algunas señales claras de que sería buen momento para consultar:
- Cuando el trabajo empieza a invadir tu vida personal de forma constante
- Cuando notas cambios en tu forma de reaccionar (irritabilidad, bloqueo, apatía)
- Cuando aparecen imágenes o recuerdos intrusivos que no puedes controlar
- Cuando sientes que estás funcionando “en automático”
- Cuando empiezas a evitar o a sobreexponerte como forma de aguantar
- Cuando el descanso deja de ser reparador
Pero hay una señal que suele ser la más importante, aunque no siempre se nombre: cuando empiezas a no reconocerte del todo en cómo estás funcionando.
La enfermera de la que os hablaba antes me decía en sesión: “no estoy mal del todo, pero tampoco estoy bien en ningún momento”.
El objetivo de la ayuda psicológica no es que dejes de ser sanitario ni que dejes de exponerte a situaciones difíciles. Es que puedas hacerlo sin que eso te pase por encima. Es reconocer que hay momentos en los que el sistema de sostén necesita ser sostenido.
Y en este trabajo, donde se cuida tanto a otros, a veces lo más difícil no es cuidar… sino permitir que alguien te cuide a ti.
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Autora:
Raquel Beraiz Olarte
Psicóloga General Sanitaria: M-36309